Obsolescencia Programada

El mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre sera demasiado pequeño para satisfacer la avaricia de algunos.

Mahatma Gandhi

Justo ahora que acabo de comprar un móvil nuevo, me he parado a pensar en lo a propósito que aplicaría en mi  caso el concepto de obsolescencia programada. Mi móvil, que está (o debería estar) nuevecito, comenzó a dar fallos, curiosamente, poco después de vencer el período de permanencia de mi contrato de telefonía. Un fallo además, de los más ridículos que pueden ocurrir, pero al mismo tiempo exasperante: el botón de encendido y desbloqueo dejó gradualmente de funcionar. Yo, que me considero un consumidor alejado de patrones caprichosos de consumo como los basados en modas o cambios de diseño, me mantuve firme en mi intención de continuar usando el dispositivo, aunque fuera a costa de tener que emplear todas mis fuerzas al accionar el dichoso botón. Sin embargo, poco a poco, el funcionamiento del software del móvil se ha ido haciendo más lento, de manera progresiva, incluso tras restablecer la configuración de fábrica. Y al poco tiempo dejó de funcionar el GPS… Total, que me he visto inducido a comprar un nuevo dispositivo.
A decir verdad, hasta este momento, no me he parado a pensar en serio sobre esta posible obsolescencia programada, que sinceramente, siempre había creído que era una mezcla de medias verdades, conspiranoia y mitos urbanos. Sin embargo, una rápida búsqueda en Google pone de manifiesto ejemplos concretos, como las impresoras Epson y HP, que dejan de funcionar tras imprimir un determinado número de páginas. De la información que he recopilado, me parece especialmente recomendable el documental de Cosima Dannoritzer, “Comprar-tirar-comprar“, que fue emitido por RTVE en enero de 2011.
Obsolescencia_Comprar_Tirar

Orígenes

Se puede considerar que la obsolescencia programada surge con la llegada de la producción en masa. La producción en masa consigue reducir los costes de fabricación, y por tanto, los precios de venta, haciendo accesibles los artículos a un mayor número de personas. Fabricando conforme al honrado enfoque clásico europeo, basado en buscar la calidad y durabilidad de los artículos, ¿qué pasaría cuando todo el mundo tuviera todo? La respuesta desde el punto de vista de los fabricantes es evidente… Con lo cual se empieza a buscar la aportación de otro tipo de valor basado en criterios de diseño e imagen, y en otros más subjetivos como las modas… reduciendo los esfuerzos en la búsqueda de la durabilidad.

Cártel Phoebus

El cártel Phoebus, de cuya existencia existe sobrada constancia documental, así como por el mero hecho de la existencia de la demanda interpuesta al mismo por el Gobierno de los Estados Unidos en 1942, es un caso claro de aplicación deshonesta de la obsolescencia, previo incluso a su propia conceptualización.
Desde que Thomas Alva Edison comenzara la fabricacion de bombillas eléctricas, su objetivo era conseguir la mayor duración de su producto. De esta manera, a mediados de los años 20 existían bombillas que duraban más de 2500 horas.
ANUNCIO EN "MADRID CIENTIFICO". 1911
De hecho, no hay mejor ejemplo que la bombilla del cuartel de bomberos de Livermore, California, que lleva encendida la friolera de ¡112 años!
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La durabilidad de las bombillas era claramente un inconveniente para las ansias de crecimiento de los fabricantes. Por ello, en 1924 los principales fabricantes de bombillas del mundo, entre otros, Osram, Philips y General Electric, se comienzan a reunir formado un cártel, llamado Phoebus, con los objetivos de reducir la vida útil de las bombillas a 1000 horas. Esto conllevó fuertes ahorros de costes y permitió la materialización del  control de los precios del sector, que se suben pese a ofrecer productos de peor calidad. Incluso llegaron a establecer completos mecanismos de control de la duración de las bombillas, y multas a aquellas empresas cuyos productos superaran la duración establecida.
La demanda de los Estados Unidos acaba con el cártel y sus propósitos. Sin embargo, la prohibición de limitación de la vida útil de los productos que considera la sentencia, acaba teniendo poco impacto en la práctica.

Los teóricos

En cualquier caso, no se empieza a manejar el concepto “obsolescencia programada” hasta 1932, cuando Bernard London publica su ensayo “Ending the Depression Through Planned Obsolescence“. London plantea un intento de facilitar la salida de la recesión de la época mediante la imposición de la obsolescencia por parte del Gobierno. De esta manera, se impulsaría un consumo perpétuo, y por tamto, se asegurarían los puestos de trabajo.

Si bien es London quién emplea por primera vez el término, realmente no se populariza su uso hasta 1954, por parte de Brooks Stevens. Stevens, diseñador industrial estadounidense, definía el término como la creación en el usuario de la necesidad continua de poseer algo un poco mejor, un poco más novedoso, un poco antes de que sea necesario.

Lo que actualmente se conoce con el casi eufemismo “ciclo de vida del producto”, actualmente se defiende con argumentos diversos. Por una parte, se siguen empleando argumentos parecidos a los de Bernard London: vivimos en una sociedad que necesita crecer continuamente, y la obsolescencia es un importante combustible para que este crecimiento siga generando bienestar (al menos a una parte de la población). Por otra, se argumenta que la obsolescencia es básica para sostener la evolución tecnológica continua.

Tipos de obsolescencia

La obsolescencia no se refiere únicamente al hecho de que los objetos dejen de funcionar. Existen diversos tipos, algunos de los cuales se basan en la subjetividad del individuo y el poder de la publicidad:
  • Técnica o funcional: puede consistir simplemente en incluir piezas de baja calidad o instalar piezas de caducidad esperada, como las baterías, sin que sea posible su reemplazo (soldadas, por ejemplo), o simplemente situar algunas piezas cercanas a fuentes de calor. También es común ofrecer costes de reparación equivalentes a los de la adquisición de un equipo nuevo (a quién no le ha pasado), o los cambios en la línea de productos, como el paso del VHS al DVD.
  • Sistémica: alteración de los sistemas en los que se usan los productos para que sea muy complicado continuar con su uso. Por ejemplo, las nuevas versiones de software que dan problemas al usar ficheros generados con versiones más antiguas. O el cese de los servicios de soporte y mantenimiento, complementados con la desaparición de manuales disponibles al público. También, haciendo difícil la comprensión del aparato para evitar intentos de reparación de terceras partes (por ejemplo, al no incluir explicaciones sobre los puntos de soldadura en equipos electrónicos).
  • Modas: la introducción de nuevos diseños, con el apoyo de fuertes campañas de marketing motivan la sustitución de objetos en perfecto estado de uso.
  • Notificada: aquellos casos en los que el propio producto incluye información de cuándo ser reemplazado por uno nuevo, como las bandas blancas de las cuchillas de afeitar.
  • Programada:en estos casos, se complementa la anterior con mecanismos que desactivan el producto. Es el caso de los chips que desactivan las impresoras cuando se llega a un determinado número de páginas impresas.

Reflexiones

La sociedad actual se basa por completo en la idea del crecimiento infinito. Este es un modelo que se mantiene fijo, incluso cuando aún no hemos terminado de superar una crisis económica brutal que debería haber propiciado reflexiones profundas a este respecto. En el marco de este modelo, la obsolescencia programada es un requisito fundamental para un buen funcionamiento de la sociedad, fundamentada en un cosumo que no puede dejar de incrementarse, y por ello, hay que motivar.
Sin embargo, vivimos en un planeta finito, que no dispone de recursos para soportar este crecimiento sin límites. Y no sólo se trata de los recursos necesarios para la producción, también de la necesidad de almacenar una cantidad de residuos ingente, que se generan de manera consistentemente incremental día a día. Los incrementos constantes de producción de bienes, y los residuos generados tanto en la producción, como en el desecho de los objetos descartados, ya está poniendo en compromiso el futuro de las próximas generaciones. Y todo por el afán de lucro desmedido.
Además, no puedo dejar de pensar en las consideraciones éticas desde el punto de vista del ingeniero: ¿se puede considerar que la obligación del ingeniero es buscar la excelencia en cuanto a calidad y durabilidad en todos los diseños? ¿Los diseños que tienen en cuenta criterios de obsolescencia programada, son deshonestos?

En cualquier caso, no todos los criterios expuestos de obsolescencia merecen el mismo juicio. Por ejemplo, la obsolescencia funcional, o la programada, son imperdonables. Sin embargo, aquella motivada por el progreso y la innovación y la aparición de nuevos dispositivos que suponen un paso adelante tecnológico y una mejora sustancial, no dejan de ser parte del progreso de nuestra sociedad, un progreso que no puede ni debe frenarse.

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Un comentario en “Obsolescencia Programada

  1. Una de las razones por las que los diamantes no son más populares (o incluso hay personas que piensan que no son ecológicos o socialmente respetutosos (por cierto, nada más alejado de la verdad) es ésta. Los diamantes son joyas que duran para siempre y tienen poco margen. Mejor vender piedras semipreciosas con un margen 100 veces mayor (no exagero) y que en unos años esten fuera de moda.

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